Diario del Cuidador

Actividades de estimulación cognitiva para ancianos que realizamos en casa

2026.07.20
Actividades de estimulación cognitiva para ancianos que realizamos en casa

Fue una tarde de invierno, de esas donde el frío de Córdoba se te mete en los huesos aunque tengas la estufa a pleno. Estábamos tomando mate y me di cuenta de que mi viejo llevaba dos horas clavado frente al televisor, mirando un canal de noticias de esos que repiten todo en loop. Sus ojos estaban ahí, fijos, pero él no estaba. Estaba en otro lado, o quizás no estaba en ninguno. Fue la primera vez que sentí ese miedo de que la lamparita se le estuviera apagando del todo, no por enfermedad, sino por falta de cuerda.

Antes de seguir con lo que anoté en mi cuaderno, te aviso: en este diario vas a ver un par de enlaces de afiliado. La posta es que si decidís anotarte en algún curso a través de ellos, a mí me queda una pequeña comisión y a vos no te sale ni un peso más. Solo comparto las herramientas que de verdad metí en esta casa para ayudar al viejo. Obvio, yo soy cerrajero, no tengo título de médico ni de nada, así que todo lo que te cuento es lo que me funcionó a mí, de hijo a hijo. Siempre, pero siempre, consultá con su médico de cabecera antes de inventar nada raro.

Cuando la televisión deja de ser compañía

Manos de anciano descansando en un sillón frente a un televisor

Esa tarde de agosto, mientras escuchaba la lluvia golpear el techo de chapa del taller, entendí que dejarlo ahí sentado era como dejar que una cerradura se oxide por falta de uso. Mi viejo siempre fue un tipo de estar en movimiento, de renegar con los fierros conmigo, y verlo ahí, 'al pedo' frente a la pantalla, me dio un nudo en el estómago. Intenté preguntarle qué había almorzado para ver si reaccionaba, y se quedó callado, mirando el plato vacío que todavía estaba sobre el individual de hule. Ese silencio me dolió más que cualquier caída.

Me puse a buscar algo que me diera una mano. Yo no sabía por dónde empezar. No quería tratarlo como a un nene de jardín de infantes, porque el viejo tiene su orgullo, viste. Compré un curso online que se llama Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio. Tenía una calificación de 4.3 en el marketplace y me pareció que, para un tipo como yo que no sabe ni poner una inyección, era un buen lugar para sacar ideas. Lo que más me quedó grabado es que la estimulación cognitiva no es sentarlo a estudiar, sino mantenerlo conectado con el mundo real.

Al principio me mandé un par de macanas. Le compré unos libros de mandalas para pintar y me miró como si me hubiera vuelto loco. '¿Qué soy, un carajito?', me dijo. Ahí entendí que la posta no es forzar juegos que se sientan de juguete, sino usar lo que tenemos a mano en la casa. La estimulación tiene que ser parte de lo que ya hacemos, si no, se vuelve una tarea pesada para los dos.

El taller en la mesa de la cocina

Como soy cerrajero, tengo cajas llenas de llaves viejas que ya no abren nada. Un día de lluvia, después de las fiestas de fin de año, traje un balde de esas llaves a la mesa. Le dije: 'Viejo, haceme la gamba, tengo que separar estas por tamaño y por tipo de paleta porque el taller es un caos'. Lo que para mí era trabajo, para él fue un ejercicio de la gran flauta. Estuvo una hora concentrado, tocando el metal, comparando las formas, usando las manos que es algo que también estaba perdiendo.

Esa es la clave que aprendí: integrar la estimulación en las tareas domésticas. No es sentarse a 'ejercitar la memoria', es ayudar a doblar las medias por color, o pedirle que me ayude a anotar qué falta comprar en el súper. Esos momentos donde él se siente útil son los que más lo despiertan. Los días que logramos meter una de estas actividades en la rutina diaria para adultos mayores en casa, noto que llega a la noche con otro semblante, menos perdido.

Llaves antiguas de bronce sobre una mesa de madera para ejercicio de memoria

Incluso con cosas simples como el pastillero. Antes lo hacía yo solo, pero ahora lo hacemos juntos los domingos a la mañana. Le voy preguntando para qué era la pastillita blanca o la redonda roja. Si querés ver cómo nos organizamos con eso, te dejé unos tips para organizar el pastillero semanal que me salvaron de volverme loco con los horarios.

Juegos que no parecen juegos

A veces, cuando el día viene tranquilo y no hay tantos trámites, sacamos el dominó. Es un clásico, pero funciona. El sonido metálico de las 28 fichas de dominó chocando sobre la mesa de fórmica de la cocina ya es una señal para él de que es hora de despabilarse. Al principio jugaba por jugar, pero hace un par de meses me ganó una partida usando una estrategia real, guardándose las fichas altas para el final. Me dio una alegría que no te puedo explicar; era como si mi viejo, el de antes, hubiera vuelto un ratito.

También probamos con el Sudoku. Le traje un librito de esos que venden en el quiosco, con la cuadrícula estándar de 9x9, pero la verdad que se me frustró rápido. Es muy abstracto para él ahora. En el curso que hice explicaban que si la actividad es muy difícil, genera el efecto contrario: se cierran y se ponen de mal humor. Así que volvimos a lo concreto. Las fotos viejas son un golazo. Sacamos la caja de zapatos con fotos en blanco y negro y le pido que me cuente quién era el que estaba al lado del tío en el casamiento. Eso lo hace trabajar el pasado, que es lo que todavía tiene más fresco.

La frustración y el manejo del día a día

No te voy a mentir, che, hay días que no quiere saber nada. Hay mañanas en que le propongo algo y me manda a pasear. O peor, días donde intentamos hacer algo y se olvida de las reglas a los cinco minutos. Ahí es cuando se me agota la paciencia y me siento un perro. Me dan ganas de largar todo e irme a dar una vuelta a la manzana. En esos momentos es cuando vuelvo a leer mis notas sobre cómo manejar el estrés del cuidador, porque si yo estoy mal, él se da cuenta al toque y se pone peor.

Fichas de dominó sobre una mesa de cocina de fórmica verde

Lo que me enseñó la práctica es que la estimulación no es una clase de escuela. Si un jueves no tiene ganas de separar los porotos para el guiso o de jugar a las cartas, lo dejamos. No se puede forzar la máquina. A veces, la estimulación es simplemente sentarse a escuchar un tango y tratar de recordar quién lo cantaba. O salir al patio a ver cómo vienen las plantas. Cualquier cosa que lo saque del modo 'mueble' sirve.

Lo que de verdad importa al final del día

Mirando mi cuaderno, me doy cuenta de que desde que empezamos con estas cositas en casa, las noches son más tranquilas. Antes se desorientaba mucho cuando caía el sol, un lío bárbaro. Ahora, como el cerebro estuvo un poco más ocupado durante el día, llega con un cansancio más 'sano', si se puede decir así. Sigue teniendo sus baches, obvio, pero la chispa está ahí, peleándola.

Si estás en la misma que yo, cuidando a tu viejo o a tu vieja y sentís que se te están escapando, no te desesperes. No hace falta ser un especialista ni gastar una fortuna en materiales didácticos de esos que parecen para nenes. Con lo que tenés en la cocina, con una baraja de cartas o con las historias de siempre, ya estás haciendo un montón. Lo importante es que no se sientan invisibles.

A mí el programa de Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio me dio la estructura que me faltaba para no sentir que estaba improvisando todo el tiempo. Me ayudó a entender que cuidarlo no es solo darle el remedio y la comida, sino también darle un motivo para que la cabeza siga andando un ratito más cada día.

Ahora voy a cerrar el cuaderno y a poner la pava. El viejo ya se durmió, y hoy fue un buen día: me reconoció el sonido de una llave de doble paleta solo con tocarla. Por esas pequeñas victorias es que seguimos acá, al pie del cañón. Si tenés alguna duda o querés contarme qué hacés vos con tu viejo, dejame un mensaje. Nos leemos en la próxima.