
Es casi medianoche y el frÃo de este invierno cordobés se mete por la rendija de la puerta del patio. Estoy sentado frente a la pava, con el cuaderno de notas abierto sobre el hule de la cocina. Está lleno de tachaduras, manchas de yerba y horarios que nunca se cumplieron. Mi viejo duerme en la pieza de al lado, y ese silencio es lo único que me confirma que hoy, por fin, le ganamos al caos. Pero la posta es que hace unos meses la mano venÃa muy distinta.
Antes de seguir, te aviso: en este diario vas a ver algunos enlaces. Si terminás anotándote en un curso a través de ellos, a mà me queda una comisión y a vos no te sale ni un peso de más. Solo comparto lo que de verdad me sirvió acá en casa mientras cuido al viejo. La polÃtica de transparencia está en su página si querés chusmearla. No soy médico ni enfermero, che; soy cerrajero, asà que lo que escribo es lo que me dicta el dÃa a dÃa.
De las cerraduras al caminador: el choque con la realidad
Cuando mi viejo se mudó conmigo hace dos inviernos, pensé que era cuestión de acomodarle la cama y estar atento. Yo sigo laburando por mi cuenta, arreglando cerraduras y haciendo copias, pero pronto me di cuenta de que cuidar a un hombre que ya pasó los 65 años âla edad jubilatoria en Argentinaâ no es algo que se hace de taquito. Las mañanas eran un lÃo: él se despertaba desorientado, yo tenÃa un service urgente y terminábamos los dos de mal humor.
SentÃa un nudo en el estómago cada vez que escuchaba un ruido seco en la habitación de al lado, temiendo que fuera otra caÃda. La casa me quedaba grande y el tiempo, corto. Me pasaba las noches pensando que arreglar una cerradura trabada es mil veces más simple que convencer a mi padre de que use el caminador para ir al baño. Ahà fue cuando me di cuenta de que necesitaba un norte, algo que no fuera solo intuición.
El error de la rutina militar y el curso que me rescató
El año pasado, después de una semana donde todo salió al revés, compré un curso por internet: Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio. Me fijé que tuviera buena calificación, un 4.3 promedio, y me mandé. Al principio cometà el error tÃpico: quise imponer una rutina de hospital. Lo despertaba a las siete, lo obligaba a desayunar sentado derecho y querÃa que todo fuera un reloj suizo.
Una mañana de esas, intenté forzarlo a desayunar apenas abrió los ojos para seguir el manual al pie de la letra, y terminamos con el café derramado y él llorando de frustración. Me sentà un animal. El curso me enseñó que la rutina no es para domar al viejo, sino para darle seguridad. Aprendà que la clave no es el horario exacto, sino la secuencia de las cosas. La plataforma donde está el curso se queda con una comisión del 63% por venta, pero a mà el contenido me salvó las papas cuando no sabÃa para dónde arrancar.
La importancia de los anclajes sensoriales
Empecé a notar que mi viejo se guiaba por ruidos y olores. El clic del pastillero a las seis de la tarde ya le avisa que se viene la noche. El olor a metal de mis manos cuando vuelvo del taller, mezclado con el aroma a té de tilo que le preparo antes de cenar, lo ayuda a entender que ya dejamos de correr. No necesitás un cronómetro, necesitás que él sepa qué viene después. Si vas a hacer cambios, recordá siempre que las medidas de prevención de caÃdas en adultos mayores para el hogar son parte de esa rutina: no dejar alfombras sueltas y asegurar que el camino al baño esté despejado.
Cómo armar el dÃa sin volverse loco (ni volverlo loco a él)
Después de meses de prueba y error, acá te paso la posta de lo que me funcionó. No es un esquema rÃgido, es lo que nos mantiene a flote:
- Mañanas lentas: No lo apuro. Dejo que se despabile solo mientras yo tomo unos mates y anoto los pedidos del taller. Si el viejo se levanta cruzado, la rutina se estira. Es mejor tardar media hora más en desayunar que empezar el dÃa peleando.
- Comidas cortas pero fijas: Descubrà que tiene hiporexia, que es cuando pierden el hambre. Por eso, en vez de un platazo de comida, le doy porciones más chicas pero siempre a la misma hora. Si le cuesta masticar, me fijo en algunas ideas de dieta para ancianos sin dientes que son nutritivas para que no se me baje de peso.
- El momento crÃtico del atardecer: Durante las mañanas frÃas de hace un mes, noté que se ponÃa más inquieto cuando bajaba el sol. El curso explicaba que el cambio de luz natural a artificial les genera confusión. Ahora, prendo las luces antes de que oscurezca del todo y bajamos las persianas. Eso evita que se desoriente.
La flexibilidad ante la desorientación
Hay noches, como una de insomnio el pasado mayo, donde la rutina se va al tacho. Mi viejo tiene dÃas donde no sabe bien dónde está, y ahà es donde la paciencia se te termina de gastar. Si tenés un familiar con demencia o mucha desorientación, las rutinas rÃgidas son el peor enemigo. Si él jura que tiene que ir a trabajar, no le discuto con el reloj en la mano. Le sigo la corriente un poco, lo calmo y trato de volver al carril de a poco.
Si ves que la situación te supera, siempre es bueno consultar con su geriatra. Yo no tengo formación médica y lo que digo es solo mi experiencia cargando el caminador de acá para allá. A veces, por qué contratar el cuidado del adulto mayor a domicilio ayuda se vuelve una pregunta real cuando uno ya no da más, pero por ahora, con el cuaderno y lo que aprendà en el programa, la vamos remando.
Hoy el cuaderno tiene menos tachaduras. El mate de la tarde se volvió nuestro momento de paz, sin urgencias. Organizar la rutina me sirvió para que él esté más tranquilo y para que yo pueda seguir siendo el cerrajero del barrio sin sentir que dejo la vida en el intento. Si estás en esta, te dirÃa que no busques la perfección, buscá que el viejo se sienta seguro en su casa. Al final del dÃa, lo que cuenta es que mañana el caminador no haga tanto ruido en el pasillo y que el despertador no sea una amenaza para ninguno de los dos.
Si sentÃs que necesitás una base más firme para no andar improvisando tanto, te recomiendo pegarle una mirada al programa que hice yo: Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio. Te da esas herramientas básicas que a uno, como hijo, nunca le enseñaron.