Diario del Cuidador

Cómo manejar el estrés del cuidador familiar de ancianos en casa

2026.06.19
Cómo manejar el estrés del cuidador familiar de ancianos en casa: cuaderno y mate sobre la mesa de la cocina

El cansancio de cuidar a un padre mayor se instala primero en el cuerpo: los hombros tensos, el sueño que se corta solo, y recién después uno le pone la palabra estrés del cuidador.

En este cuaderno aparece, de tanto en tanto, algún enlace de afiliado: si alguien se anota en un curso a través de uno de esos enlaces, a mí me queda una comisión chica y a vos no te cambia el precio. Acá solo menciono lo que de verdad probé en esta casa cuidando a mi viejo. Y aclaro de entrada: soy cerrajero, no médico ni kinesiólogo. Lo que sigue es lo que fui aprendiendo a los ponchazos.

En qué momento el estrés del cuidador deja de ser cansancio normal

Durante mucho tiempo pensé que el cansancio era parte del paquete: dormís mal, andás de mal humor, y ya está, es lo que toca. Pero el agotamiento del cuidador familiar es otra cosa. Es un estado de extenuación física, emocional y mental que se va acumulando con el tiempo, no un mal día suelto. Las señales que aprendí a reconocer en mí mismo son bastante concretas: el sueño que se corta sin que nadie golpee ninguna puerta, la irritabilidad que no se va después de un buen mate sino que se queda pegada varios días seguidos, las ganas de no ver a nadie ni siquiera a la gente que uno quiere, y esa costumbre fea de postergar el propio chequeo médico porque siempre hay algo más urgente en la casa.

A mí se me nota primero en los pies. Me levanto antes de que aclare a escuchar si todo anda bien del otro lado de la pared, y el piso de la cocina está helado, un frío que se mete rápido y no deja dormir de nuevo con facilidad. Ninguna de estas señales aparece sola. Cuando se juntan dos o tres al mismo tiempo, ahí es cuando el cansancio dejó de ser normal y pasó a ser otra cosa que hay que atender.

Pastillero semanal y cuaderno de notas sobre una mesa de madera gastada, símbolos del cuidado de ancianos en casa

Lo que probé para la desorientación de la noche, y no funcionó

Pola, la vecina que empezó a cuidar a su suegra hace poco, me preguntó una tarde, mientras las dos sacábamos la basura, si había algún truco para las noches en que el viejo se despierta raro. Le conté lo que había hecho yo: dejar la luz del pasillo prendida toda la noche, pensando que si él veía todo iluminado no se iba a desorientar. No sirvió de nada. Igual se levantaba pasadas las tres, confundido, buscando algo que ni él sabía bien qué era.

Ese tipo de confusión al caer la tarde tiene nombre, síndrome del ocaso le dicen, pero que lo explique alguien con más formación que yo. Yo solo sé lo que vi en mi pasillo. Terminé sacando esa luz fuerte del corredor y dejando prendido nada más el velador de luz baja que tiene en su cuarto, de esos que no lastiman la vista si se despierta de golpe. No puedo decir que resolvió todo, la posta es que no tengo forma de saberlo con certeza, pero al menos ya no lo escucho tropezar buscando el interruptor.

Pedir ayuda no es lo mismo que tirar la toalla

No, y me costó bastante entenderlo. Durante meses me la aguanté solo, convencido de que pedir una mano era admitir que no podía. La ayuda a domicilio, aunque sea unas horas sueltas a la semana, no le saca nada al cuidado que uno le da a su padre, más bien le da aire a los dos. Hasta el único curso que hice, uno de cuidado del adulto mayor a domicilio que encontré en Hotmart, cuenta como una forma de ayuda: no reemplaza a nadie, pero puso en palabras cosas que yo ya hacía a los tropezones sin saber que tenían nombre, como priorizar los traslados o anotar todo lo que come y cómo durmió para llevárselo al médico. Se llama Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio, tiene una valoración de 4.3, y para alguien que arrancó de cero como yo, cubre lo básico que asusta los primeros días.

Eugenio, un vecino jubilado que vive a media cuadra y que conoció a mi papá de cuando todavía caminaba sin andador, pasa algunas tardes a ver si necesito algo del almacén. No es ayuda profesional ni pretende serlo, pero esos minutos de charla en la vereda cortan el día de una manera que ningún curso enseña.

Lo primero para resolver la seguridad de la casa

Antes de pensar en cualquier otra cosa, hay que mirar dónde puede caerse. Yo mismo instalé un par de barras de agarre, pero antes leí bastante sobre medidas de prevención de caídas en adultos mayores para el hogar para no meter la pata con la altura o el lugar donde las atornillaba. El baño sigue siendo la zona más brava de la casa, y ahí entran los traslados: pasar de la silla a la ducha sin que ninguno de los dos termine en el piso es una técnica que se aprende, no algo que sale solo. Cuando mi viejo empezó a poner mala cara con la ducha, me bajé unos apuntes sobre pasos para el baño de esponja adulto mayor sin esfuerzo, y eso calmó bastante las aguas: si él no tiene ganas de meterse a la ducha, buscamos la vuelta para que esté limpio sin que sea una pelea.

Andador con ruedas apoyado en la pared de un pasillo angosto, un apoyo clave para el bienestar del adulto mayor

La rutina del cuidado de ancianos en casa: fuerte de día, floja de noche

Armo la rutina más prolija del mundo durante el día y muchas noches igual se desarma, y no es que lo esté haciendo mal. Tener un orden fijo, el desayuno a tal hora, la pastilla después del almuerzo, el rato de sillón antes de la siesta, es lo único que le da forma al día de mi papá, pero vista desde el otro lado esa misma rutina es también lo único que me devuelve a mí un par de horas propias y previsibles. Para los ratos en que él está más quieto de lo normal, un poco de ejercicio adaptado en la silla, aunque sea mover los brazos o estirar las piernas sentado, ayuda más de lo que parece.

El andador con ruedas terminó siendo mi mejor aliado, aunque al principio le daba vergüenza usarlo delante de los vecinos. La última vez que vino el kinesiólogo y lo vio cruzar el pasillo agarrado de las dos manos, dijo que el equilibrio venía mejor que antes. No dijo curado, dijo mejor, y esa palabra sola me sirvió para respirar distinto esa noche. Si estás por comprar uno, fijate bien cómo elegir el mejor andador para ancianos con ruedas en casa, porque uno que no va con la altura de la persona es peor el remedio que la enfermedad.

Qué hacer con la culpa de necesitar un rato para mí

La culpa aparece igual, la pidas o no. Algunas tardes lo único que quiero es quedarme un rato solo en el taller, con una cerradura trabada entre las manos, en vez de estar ahí adentro. Eso no me convierte en mal hijo, aunque durante meses estuve seguro de que sí. La salud mental familiar y el bienestar del adulto mayor van de la mano en esto: si yo ando quebrado, a él se le nota enseguida, más caídas, más rechazo a bañarse, más de todo lo que ya cuesta.

Si sentís que el agua te está llegando al cuello, no hace falta tirarse solo con eso. Mirá el programa de Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio si te sirve tener una base, y buscá a alguien cerca, un vecino, un familiar, quien sea, para repartir aunque sea un poco el peso. Cuidar a un padre mayor en casa no se termina nunca del todo, che, pero tampoco hay que hacerlo callado ni en soledad total.