Diario del Cuidador

Tips para organizar el pastillero semanal de un adulto mayor en casa

2026.07.11
Tips para organizar el pastillero semanal de un adulto mayor en casa

Son las doce y media de la noche. El viejo ya roncaba hace rato cuando terminé de acomodar las herramientas en el taller del fondo y me vine para la cocina. El silencio acá es distinto, viste. No es un silencio de paz, es ese silencio que usás para escuchar si la respiración en la pieza de al lado sigue con el mismo ritmo de siempre. Me serví un mate que ya estaba lavado y me quedé mirando la mesa. Una montaña de cajas de cartón, blisters vacíos y ese pastillero de plástico transparente que me mira como si fuera un rompecabezas que tengo que armar antes de que me venza el sueño.

Hace unos seis meses, la cosa era un caos. Tenía alarmas en el celular que sonaban cada dos horas y me volvían loco entre cambio de cerradura y copia de llaves. Pero lo peor era la duda. ¿Le di la del almuerzo? ¿O esa era la que tocaba después de la siesta? Ese miedo constante de que un error mío con una dosis sea lo que nos mande de vuelta a la guardia es algo que no se te va con un curso ni con una palmada en la espalda. Soy cerrajero, no enfermero, che. De miligramos y mililitros no entiendo nada, pero de cuidar lo que uno quiere, algo aprendí en estos dos inviernos.

El ritual de los domingos y el orden de los blisters

Al principio, yo pensaba que era cuestión de comprar la cajita y volcar todo adentro. Grave error. Un domingo de lluvia, después de que el viejo se acostó temprano porque el cambio de tiempo le pone los huesos pesados, me puse a desarmar cajas. Me di cuenta de que si sacaba todo de una vez, a mitad de semana ya no sabía cuál era el Enalapril y cuál era la otra para la circulación, porque son todas blancas y redondas, la misma cara de nada tienen todas.

Ahí es donde me sirvió una de las pocas cosas que me quedaron grabadas del curso de Hotmart que hice el año pasado. La lección decía claro: no saques la pastilla de su envase original hasta el momento justo. El envase las protege de la luz y, sobre todo, de la humedad de la cocina. El sonido seco y metálico de los blisters al romperse en el silencio de la cocina mientras preparo la semana es lo que me marca el ritmo. Pero aprendí a recortar el blister con una tijera chiquita, dejando la pastilla adentro de su burbuja de aluminio, y recién ahí ponerla en el compartimento. Así, si el viejo se pone rebelde y no quiere tomar una, sé exactamente qué medicación es y hasta cuándo vence.

Manos de un hombre recortando blisters de medicamentos con tijeras sobre una mesa de madera

Organizar esto no es solo llenar huecos. En un pastillero estándar tenés 7 días, pero la posta es que la mayoría de los viejos necesitan al menos 4 divisiones diarias: mañana, mediodía, tarde y noche. Si comprás uno que solo tiene una tapita por día, estás al horno, porque terminás mezclando el protector gástrico con la de dormir, y eso es un lío bárbaro. Yo busqué uno que tuviera los colores bien marcados, aunque después tuve que meterle mano yo mismo.

El problema de la vista y las cintas de colores

Una tarde de mucho calor, me encontré al viejo mirando el pastillero con los ojos achicados, como queriendo adivinar qué había adentro. El plástico transparente es una porquería cuando ya no ves bien. Refleja la luz y no te deja distinguir si el huequito está lleno o vacío. Mi viejo tiene esa manía de no querer usar los anteojos para todo, dice que se le caen, y la verdad que pelear por eso es gastar pólvora en chimangos.

Lo que hice fue agarrar cinta de papel de la que uso para marcar los marcos de las puertas cuando instalo un picaporte y la pinté con marcadores. Verde para la mañana, rojo para la noche. Así, aunque no vea la letra chiquita, él sabe que el color fuerte es el que manda. Es parte de cómo organizar una rutina diaria para adultos mayores en casa sin que se sientan que les estás manejando la vida como si fueran chicos. Al final, lo que uno busca es que ellos mantengan un poco de esa autonomía que se les va escapando por los dedos.

También me sirve para chequear de lejos. Si paso por la cocina y veo que el color verde del lunes sigue cerrado y ya son las diez, ya sé que algo pasó. No hace falta que le esté preguntando a cada rato "¿te la tomaste, pá?", que viste que eso les rompe soberanamente las bolas y terminamos discutiendo al pedo.

Por qué no conviene adelantarse demasiado

Acá es donde yo voy en contra de lo que dicen muchos manuales. La mayoría te dice que prepares toda la semana, los 7 días completitos. Yo lo hice un tiempo, pero me mandé un moco. Resulta que acá en Córdoba, cuando se viene la humedad fuerte antes de la tormenta, algunas pastillas se ponen raras si las sacás del blister. Se ponen como pegajosas o cambian de color. Una vuelta, después de la segunda consulta con el cardiólogo, me di cuenta de que una de las pastillas blancas se había puesto amarillenta por estar cinco días ahí al aire en el plástico ese que no cierra del todo bien.

Ahora hago ciclos de tres días. Me toma diez minutos más, pero me aseguro de que la medicación esté impecable. Además, con los viejos nunca sabés. Un martes te cambian la dosis porque le subió la presión y si ya tenés todo el pastillero armado para los 7 días, tenés que andar sacando y poniendo, y ahí es donde le errás al miligramo. Organizar con demasiada antelación aumenta el riesgo de error por deterioro de fármacos expuestos al aire o la luz; prefiero la seguridad de lo corto y seguro.

Pastillero semanal marcado con cintas de colores junto a un cuaderno de notas manuscritas

En el curso hablaban de los cinco correctos: paciente, medicamento, dosis, vía y hora correctos. Parece una pavada, pero cuando estás cansado, con el olor del aserrín todavía encima y el viejo preguntándote por quinta vez dónde dejó el diario, te podés confundir. Yo anoto todo en la libreta que tengo al lado de la pava. Es mi bitácora. Si el médico me dice algo nuevo, lo anoto ahí con letra grande. No soy médico, soy un tipo que trata de que su viejo esté lo mejor posible, así que siempre que tengo una duda, llamo al consultorio. No me quedo con la duda de lo que leí en internet.

El pastillero como un rato de paz

Parece una locura decir que sentarse a separar pastillas te da paz, pero es la verdad. Es el único momento del día donde siento que tengo el control de algo. En el taller las cosas se rompen, las llaves no giran, los clientes se quejan. Pero acá, frente al pastillero, estoy construyendo la seguridad del viejo para los próximos días. Si esto está bien hecho, el lunes a la mañana no voy a estar corriendo con una caja de remedios en la mano mientras trato de salir para un laburo urgente.

A veces, mientras escucho el ruido de la heladera y el ronquido del viejo, pienso en lo que hubiera sido si no lo traía a casa. Estaría solo, quizás olvidándose de tomar la mitad de las cosas o tomando doble porque se olvidó que ya la tomó. Organizar el pastillero es, en el fondo, una forma de decirle que acá estamos, que no se tiene que preocupar por esas cosas. Si querés evitar sustos mayores, también es bueno echarle un ojo a las medidas de prevención de caídas en adultos mayores para el hogar, porque una pastilla mal tomada te puede dar un mareo y ahí el pastillero es lo de menos si termina en el suelo.

Ya terminé por hoy. Mañana es otro día y seguro el despertador me va a encontrar con el mate amargo en la mano. Pero por ahora, las cajitas están en su lugar, la libreta está cerrada y el viejo sigue durmiendo tranquilo. Eso, para mí, es la posta de todo este laburo de cuidar.

Obviamente, esto que te cuento es lo que me sirve a mí en este rincón del mundo. Yo no tengo formación médica de ningún tipo, solo la experiencia de estos años a los ponchazos. Si tenés dudas sobre qué le estás dando a tu familiar o si una pastilla se puede partir o no, consultá con su médico de cabecera o con el farmacéutico del barrio, que ellos son los que saben de verdad. Yo solo soy un cerrajero que aprendió a abrir otras puertas.