Diario del Cuidador

Cuidado de la piel en adultos mayores para evitar la picazón constante

2026.09.05
Cuidado de la piel en adultos mayores para evitar la picazón constante

Ese ruidito me saca de las sábanas antes que la alarma. Es un rascado rítmico, seco, que atraviesa el tabique del pasillo y llega a mi pieza como si me estuvieran lijando la paciencia. Al principio pensé que eran los resortes del colchón de mi viejo, pero no; era él, dándole que te dándole a las pantorrillas hasta sacarse sangre. Me levanté, me asomé a su cuarto y lo vi ahí, sentado al borde de la cama, peleando contra su propia piel como si tuviera hormigas caminando por adentro. Es desesperante verlo así, che, porque uno no sabe si es un bicho, una alergia o qué corno pasa en ese cuerpo que ya no le responde como antes.

En este diario vas a cruzarte con algún enlace de afiliado. Si por ahí alguien se anota en un curso pasando por uno de ellos, a mí me queda una comisión y a vos no te sale ni un peso más. Solo pongo material que de verdad pasó por mi casa mientras cuidaba a mi viejo. La política de transparencia entera está en su propia página. La posta es que yo no tengo enfermería ni nada, soy cerrajero, pero hace dos inviernos que mi viejo vive en la pieza de al lado y me tocó aprender a los hachazos. Lo que escribo acá es lo que anoté en mi cuaderno después de que él se duerme, entre mates y el silencio de la noche cordobesa.

El error del agua caliente y la piel que se quiebra

Me mandé una macana grande a mediados del invierno pasado. Como hacía un frío de locos acá en Córdoba, yo pensaba que un buen baño bien caliente lo iba a relajar. Le ponía el agua a lo que daba el calefón, pensando que eso le calmaba el picor. Qué pedazo de animal. Resulta que le estaba cocinando la poca grasa natural que le queda. La piel de los viejos es como un papel de calcar, viste, se pone finita y seca. Cuanto más caliente el agua, más humedad le robaba.

Una tarde, después del baño, lo vi que se rascaba con más furia que nunca. Tenía las piernas llenas de marcas rojas, casi en carne viva. Ahí fue cuando desempolvé el curso de Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio que compré por Hotmart el año pasado. Me puse a repasar la lección de higiene y me quería morir. El curso decía clarito que la temperatura máxima recomendada del agua para el baño es de 37 grados. O sea, apenas tibia, casi que te da frío a vos, pero para ellos es lo justo para no deshidratar la dermis.

Termómetro de cocina midiendo la temperatura del agua para el baño de un anciano

Desde esa vez, ando con el termómetro de cocina (sí, el mismo que uso para el asado cuando me quiero hacer el gourmet) midiendo el agua de la tina. No es de exagerado, es que si me paso un par de grados, la noche se vuelve un infierno de rascado para él y de culpa para mí. Aprendí que cuidar la piel también es parte de la rutina diaria para adultos mayores en casa, porque si no duermen por la picazón, al otro día están hechos una seda... de lija.

El misterio del pH y el jabón que no limpia tanto

Mi viejo es de la vieja escuela. Para él, si el jabón no es ese blanco de lavar la ropa o uno con perfume a flores de campo que te deja la piel tirante, no limpia. "Eso es grasa, Ignacio", me decía cuando le quería pasar un jabón líquido neutro. Pero la posta es que esos jabones alcalinos le estaban destruyendo el manto ácido. En el cuaderno anoté un dato que me quedó grabado del curso: el pH natural de la piel humana sana es de 5.5. Cualquier cosa que se aleje mucho de eso, le vuela la protección natural.

Cambiamos el jabón por uno syndet (que le dicen "jabón sin jabón") y la diferencia se notó a las tres semanas. Ya no tenía esa escamita blanca en las canillas que parecía nieve. El olor denso de la crema hipoalergénica mezclándose con el aroma del mate amargo en la cocina a media mañana se volvió el perfume oficial de la casa. Es una mezcla rara, pero ahora me da tranquilidad.

Además, aprendí a no refregarlo con la toalla. Antes le daba como si estuviera lustrando un paragolpe. Ahora es todo a toques, dejando que la toalla chupe el agua sin arrastrar la piel. Y lo más importante: la crema va antes de los tres minutos de haberlo sacado del agua. Si esperás a que se seque del todo, perdiste. Hay que sellar esa humedad ahí mismo. Esto es clave también para la prevención de llagas en adultos mayores, porque una piel seca se lastima con solo mirarla.

Jabón neutro y toalla suave preparados para el cuidado de la piel sensible

Cuando la cabeza no ayuda: el desafío de la demencia

Acá es donde la teoría del curso se choca con la realidad de mi pasillo. Mi viejo tiene días donde la cabeza se le va un poco, se confunde, y ahí ponerle crema es como querer ponerle un poncho a un gato. Se pone agresivo, piensa que lo quiero ensuciar o, lo que es peor, una vez lo pesqué queriendo probar la loción porque pensó que era yogur de vainilla.

Si tenés a alguien con demencia avanzada en casa, la técnica cambia. No podés venir con el frasco y decirle "bueno viejo, ahora la crema". Yo lo que hago es esperar a que esté distraído con la tele o después de almorzar, cuando entra en ese sopor del postre. Uso una técnica que aprendí probando: caliento la crema un poco entre mis manos primero. Si se la pongo fría, se asusta y me pega un manotazo. Pero si siente el calor de mis manos, lo toma como un masaje. Ver cómo los hombros de mi viejo se relajan y sus ojos se cierran un poco cuando el frío (ya no tan frío) de la loción toca sus pantorrillas irritadas es el mejor momento del día.

A veces, si está muy terco, le doy una toallita de mano para que él juegue a limpiarse la cara mientras yo le doy a las piernas. Es un baile, che. Un paso adelante, dos atrás. Pero si no lo hago, la picazón vuelve y con la picazón viene el mal humor y el insomnio. No soy médico, lo repito siempre, así que si ves que la piel se pone negra, tiene olor feo o supura, ni lo dudes: llamá al geriatra. Yo consulto todo con el médico de cabecera de PAMI, por más que tarde en atenderme.

La humedad ambiente y el silencio de las tres de la mañana

El mes pasado tuvimos un par de tardes calurosas de esas que te parten la cabeza acá en Córdoba. El aire se pone seco, seco. Noté que el viejo empezaba a rascarse de nuevo. Me acordé de otra cosa: la humedad relativa ambiente mínima recomendada debe estar cerca del 40 por ciento. Si el ambiente es un desierto, la piel se vuelve cartón.

Como no me daba el cuero para un humidificador de esos caros, puse unos tachitos con agua cerca de los picos de gas (con cuidado de que no se vuelquen, obvio) y colgué una toalla húmeda en su pieza antes de que se fuera a dormir. Parece una negrada, pero funciona. Esa noche, el silencio en la casa fue distinto.

Pasillo de casa a oscuras con un recipiente de agua para mejorar la humedad ambiental

Me quedé en la cocina, terminando de cerrar el cuaderno. Estaba esperando escuchar el *scritch-scritch* de las uñas contra la sábana, pero nada. Solo el ruido de la heladera y, de vez en cuando, el ronquido suave del viejo. Ese silencio es de paz, no de preocupación. Entendí que cuidar su piel no era solo una cuestión estética o de higiene; era asegurarme de que el tipo pudiera descansar sin que su propio cuerpo lo estuviera pinchando toda la noche.

Si recién estás empezando con esto de cuidar a tu viejo o a tu vieja, no te desesperes si un día la rutina no sale. Hay jueves que el viejo se levanta cruzado y no hay crema que le venga bien. Pero tener una guía ayuda. A mí el curso de Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio me dio una estructura cuando yo no sabía ni para qué lado arrancar. No reemplaza al médico, pero te da herramientas para que el día a día no te pase por arriba. Al final, lo que uno busca es que el viejo esté tranquilo, y si eso se logra con un poco de crema y el agua a 37 grados, la posta es que vale cada minuto.

Ahora voy a ver si duermo un rato yo también. Mañana hay que abrir la cerrajería temprano y el cuaderno ya no tiene más hojas libres por hoy. Si te sirve de algo lo que anoté, metele para adelante, pero siempre preguntale a los que saben antes de inventar nada raro. Cuidate, che.