Diario del Cuidador

Elegir zapatos cómodos para ancianos con problemas de movilidad en el hogar

2026.07.29
Elegir zapatos cómodos para ancianos con problemas de movilidad en el hogar

Fue una noche de mucho frío, de esas que acá en Córdoba te calan los huesos, cuando escuché el sonido que todo hijo que cuida a su viejo teme. El arrastrar cansado de las pantuflas de lana de mi viejo en el pasillo terminó en un silencio seco, seguido de un '¡ay!' ahogado y el golpe del andador contra el marco de la puerta. Salí corriendo de la cocina, con el corazón en la boca, y lo encontré tambaleándose, agarrado como podía de la madera. No se cayó de milagro, che, pero el susto me dejó los hombros duros como piedra por tres días.

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Esa noche me di cuenta de que las pantuflas, por más calentitas que fueran, eran trampas de jabón sobre el cerámico de la cocina. Yo soy cerrajero, ¿viste? Me paso el día arreglando trabas y llaves, pero esa noche sentí que no sabía cómo destrabar el miedo de mi viejo a caminar por su propia casa. Según leí después, el 30% de los adultos mayores de 65 años sufren caídas anuales según la OMS, y muchas veces el culpable es lo que llevan puesto en los pies.

El error de las zapatillas deportivas pesadas

Lo primero que hice, medio desesperado por el susto, fue ir a una casa de deportes y comprarle unas zapatillas de marca, de esas caras que usan los pibes para correr. Pensé que si eran buenas para un maratón, serían seguras para ir al baño a las tres de la mañana. Error total. Eran pesadísimas para sus piernas que ya casi no levantan vuelo. Mi viejo las usó una tarde y me dijo: 'Ignacio, siento que tengo dos yunques en los pies'.

Zapatos ortopédicos con velcro junto a la pata de un andador en un piso de cerámico.

Ahí fue cuando desempolvé las lecciones de un curso que compré el año pasado, Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio, que me salvó las papas más de una vez. Aprendí que no se trata de marca, sino de arquitectura. Un zapato para alguien con movilidad reducida tiene que ser liviano pero con un contrafuerte firme —esa parte de atrás que sostiene el talón—. Si esa parte es blanda, el pie baila y el tobillo se dobla al primer paso en falso.

También cometí el error de comprar unas con suela de goma demasiado blanda, de esas que parecen que se pegan al piso. Casi se va de boca porque la zapatilla 'frenó' de golpe mientras él quería girar. La posta técnica dice que el coeficiente de fricción estática recomendado para suelos seguros es de 0.5; ni muy resbaloso, ni que se clave como clavo en madera. Al final, lo ideal es una suela de poliuretano, que desliza lo justo y absorbe el golpe.

El desafío de los pies hinchados (edemas)

Acá es donde la cosa se puso difícil de verdad hace apenas un par de meses. Mi viejo empezó con mucha hinchazón, lo que los médicos llaman edema. El problema es que el pie no mide lo mismo a la mañana que a la tarde. Compré zapatos con velcro pensando que era la solución, pero a las seis de la tarde ya no cerraban o le apretaban tanto que le dejaban la marca roja, y ahí es cuando aparecen las llagas.

Si tu viejo tiene este problema, el consejo estándar del velcro a veces se queda corto. Lo que necesitás son modelos de apertura total ajustable. Son zapatos que se abren casi como un libro, permitiendo meter el pie sin tirones y ajustando las solapas según cómo esté la hinchazón ese día. Es clave mirar los pies todos los días; el olor a pomada de alcanfor mezclado con el cuero viejo de sus zapatos que ya no le entran es una señal de que hay que cambiar de estrategia.

Para mejorar la estabilidad, también aprendí que el taco no debe ser totalmente plano ni muy alto. Una altura de unos 2 cm es lo ideal para mantener el centro de gravedad donde tiene que estar. Si es muy plano, le duelen los gemelos; si es alto, el equilibrio se le va para adelante. Es un equilibrio fino, como ajustar una cerradura de combinación.

Manos de un hombre ajustando un zapato de apertura total en el pie de un anciano.

Medidas de seguridad que no podemos saltear

Cuidar a un grande en casa es un laburo de hormiga. A veces me canso, me agarra la culpa porque pierdo la paciencia cuando se niega a sacarse los zapatos viejos, pero después me acuerdo de que él también está asustado. Para que el calzado funcione, la casa tiene que ayudar. Yo me puse a mejorar la iluminación para que vea dónde pisa, porque por más zapato espacial que tenga, si no ve el borde de la alfombra, se va al suelo igual.

Yo no soy médico, che, soy cerrajero. Todo esto que te cuento es lo que me funcionó a mí probando y errando. Siempre es mejor que lo charles con su médico o un kinesiólogo, especialmente si ves que el pie cambia de color o le salen manchas. A veces, unas simples medidas de prevención de caídas junto con el calzado correcto cambian todo el panorama.

La paz de un paso firme

Hace poco, una mañana de mucho frío en julio, lo vi caminar hacia la cocina para poner la pava. Iba despacio, claro, pero con el paso firme. Ya no escucho ese arrastre inseguro que me ponía los pelos de punta. Ese sonido del velcro bien ajustado y el golpe rítmico de la suela contra el piso me da una tranquilidad que no se paga con nada. Cuidar, al final, es aprender a mirar los pies y entender que la seguridad empieza desde abajo.

Si te sentís perdido como me pasó a mí al principio, te recomiendo mucho pegarle una mirada al curso de Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio. A mí me sirvió para entender que no hace falta ser enfermero para que el viejo esté bien, pero sí hace falta tener un par de herramientas claras para no mandarse macanas. No te digo que te va a solucionar la vida, pero te saca ese miedo de no saber qué hacer cuando las cosas se ponen cuesta arriba. Al final, lo que queremos es que ellos sigan siendo dueños de sus pasos, aunque sea un poquito más cada día.