Diario del Cuidador

Mejores ejercicios de movilidad para ancianos sentados en sus sillas

2026.06.22
Adulto mayor con movilidad reducida haciendo ejercicios adaptados sentado en una silla firme en la cocina

Valentín, un lector de Santa Rosa que hace tres años cuida a su madre, me preguntó para qué sirve que el viejo mueva las piernas sentado en la cocina si ya no va a volver a caminar las cuadras hasta el Mercado Norte como caminaba antes, y la verdad es que me quedé pensando varios días antes de contestarle bien. Entre la movilidad reducida de mi papá y el cuidado en casa que se volvió mi semana entera, aprendí que los ejercicios para adultos mayores sentados en una silla cargan con una fama que no se merecen: la de ser puro relleno para pasar la tarde, sin efecto real sobre la salud articular de nadie.

El mito de que la movilidad reducida no cuenta como movimiento

La idea más repetida es esta: si la persona ya no camina como antes, mover los brazos o las piernas sentada no cambia nada, es entretenimiento nomás. Yo pensé algo parecido al principio, te soy sincero. Pero la posta es otra. El cuerpo no distingue tanto entre estar de pie o sentado a la hora de trabajar un músculo o una articulación; lo que sí nota es si se usa o se abandona. Un tobillo que no gira se pone duro, esté la persona caminando media cuadra o quieta en el sillón todo el día.

Con Valentín seguimos hablando por mensajes, y le expliqué lo que a mí me costó entender al principio: el objetivo de estos ejercicios no es que el viejo vuelva a hacer las compras solo, es que la mano llegue derecho al vaso, que la pierna aguante el segundo que hace falta para pasar de la silla a la cama, que el tronco gire sin que se maree. Ese movimiento chico es el que sostiene el día a día, no el que se nota desde la vereda de enfrente.

Pies en pantuflas sobre baldosas durante un ejercicio de tobillo para la salud articular de un adulto mayor

¿Qué es en realidad un ejercicio adaptado a la silla?

Un ejercicio adaptado a la silla es, ni más ni menos, un movimiento pensado para lo que esa persona necesita hacer todos los días, armado de manera que lo pueda ejecutar sin pararse. No es gimnasia general achicada: apunta directo a lo que se usa en una transferencia segura, en estirar el brazo hasta la mesa, en girarse para hablar con alguien que entra a la cocina. En casa terminamos con unos pocos movimientos que se repiten seguido: levantar la punta de los pies y después los talones, estirar una pierna despacio hasta sentir que el músculo trabaja sin forzar la rodilla, abrir los brazos como para abrazar a alguien grande y bajarlos de nuevo, girar el torso apenas hacia un lado y hacia el otro con las manos apoyadas en las piernas, y algo parecido a caminar sentado, levantando las rodillas de a poco.

Nada de esto reemplaza lo que diga el kinesiólogo de tu viejo, y tampoco hace falta cronometrar cada segundo como si fuera una receta de cocina. Lo que sí importa es no pasarse estirando de más, porque ahí lo que se debilita es la articulación, no lo contrario. La pérdida de músculo que le va agarrando a los viejos con los años, lo que los médicos llaman sarcopenia, no se arregla de un día para el otro, pero tampoco se combate quedándose quieto. Por eso, antes de arrancar cualquier rutina, repasamos siempre las medidas de prevención de caídas en adultos mayores para el hogar, porque un ejercicio mal armado puede terminar siendo un tropiezo más.

Lo mismo pasa con otros elementos que uno cree que alcanzan solos. Tener el andador con ruedas apoyado contra la pared no sirve de nada si nadie practica a usarlo con la persona todavía sentada. Y una rutina diaria estructurada, con la gimnasia en un horario fijo antes del almuerzo, rinde más que hacerla cuando a uno se le ocurre.

Cuaderno con anotaciones de la rutina de ejercicios para adultos mayores en silla, cuidado en casa

Las barandas de madera no alcanzaron

No todo lo que probé sirvió. Atornillé unas barandas de madera en el baño convencido de que con eso alcanzaba, una solución rápida sin pensarla mucho. A la semana ya estaban flojas, cediendo apenas les ponía peso encima, y las tuve que sacar antes de que fueran ellas mismas el problema. Ahí entendí que no hay atajo de ferretería que reemplace mover el cuerpo todos los días: uno puede atornillar lo que quiera, pero si el músculo no responde, la baranda más firme del mundo no alcanza.

Los días pesados existen igual, eh. Hay tardes en que la paciencia se me termina antes que la rutina, y no soy de esos que hace esto solo: Rolando, un colega cerrajero del gremio, me dejó un termo en la puerta el día que el viejo tuvo fiebre, sin que se lo pidiera, y esas cosas ayudan más de lo que parecen cuando uno anda cansado. A veces uno piensa que contratar cuidado para un adulto mayor a domicilio es bajar los brazos, y no es así: es repartir la carga para que la fatiga del cuidador no termine apagando las ganas de seguir con la rutina.

Rodilla de un adulto mayor levantándose levemente durante un ejercicio de movilidad sentado en silla

Mirá los gestos chicos, no la planilla

No hay un número que te lo confirme, y cualquiera que te prometa una tabla con porcentajes te está vendiendo humo. Lo que yo miro son gestos chicos. El otro día lo vi estirar la mano hacia la baranda del pasillo sin dudar un segundo, un gesto que antes le costaba y que ahora le sale como si nunca hubiera dejado de hacerlo. Eso, para mí, vale más que cualquier planilla con casilleros.

Tratamos de no hacer la gimnasia a la tardecita, porque ahí el viejo ya anda más disperso, algo parecido a lo que llaman síndrome del ocaso, así que preferimos la mañana o después del almuerzo, cuando está más despierto. Valentín me escribió de nuevo después para contarme que había contratado ayuda una mañana a la semana, y que desde entonces también encontró el momento del día en que su madre respondía mejor. Si estás en la misma, no busques la rutina perfecta ni el aparato mágico: fijate en si la mano llega derecho, si el pie se despega solo del piso, si el cuerpo se acomoda en la silla sin que se lo pidas. Esa es la prueba que importa, mucho más que cualquier folleto.

Yo no soy médico ni kinesiólogo, soy cerrajero y esto lo aprendí a los ponchazos, cuidando a mi viejo en casa. Lo que cuento acá es lo que vi funcionar y lo que no, nada más que eso.