Diario del Cuidador

Plan de emergencia para cuidadores de ancianos que viven con su familia

2026.08.03
Plan de emergencia para cuidadores de ancianos que viven con su familia

Ese ruido me sacó de la silla antes de que terminara de hervir la pava. Fue un golpe seco, como si se hubiera caído una bolsa de cemento en la habitación de al lado, pero yo sabía que era mi viejo. Eran las tres de la mañana de una noche de helada en julio pasado, de esas donde el frío de Córdoba se te mete en los huesos aunque tengas la estufa al mango. Me quedé paralizado un segundo, con el corazón pegándole patadas a las costillas, escuchando el silencio que vino después. Es una mierda ese silencio, ¿viste? Porque no sabés si no grita porque no le pasó nada o porque no puede.

Antes de seguir con esta historia, te aviso una cosa: en este diario vas a cruzarte con algún enlace de afiliado. Si por ahí alguien se anota en un curso pasando por uno de ellos, a mí me queda una comisión y a vos no te sale ni un peso más. Solo pongo material que de verdad pasó por mi casa mientras cuidaba a mi viejo, como el curso de Hotmart que me salvó las papas esa noche. La política de transparencia entera está en su propia página.

El día que la cerradura se trabó por dentro

Soy cerrajero de toda la vida. Sé abrir puertas blindadas, destrabar cajas fuertes y arreglar llaves que parecen rompecabezas, pero esa noche, frente a la puerta de mi viejo, sentí que no sabía hacer nada. Abrí y lo vi ahí, tirado al lado de la cama. Se había resbalado al querer ir al baño sin el andador. Lo primero que hacés es querer levantarlo como sea, pero me acordé de lo poco que había leído: si lo tironeás, lo rompés. Me senté en el piso con él, le agarré la mano y me di cuenta de la posta: no tenía un plan. Tenía buena voluntad, pero la voluntad ante una emergencia es como una llave limada, no gira.

En Argentina, según la OMS, se considera adulto mayor a alguien de 65 años para arriba, y mi viejo ya pasó esa marca hace rato. Lo que no te dicen es que a esa edad, una caída es el principio de un montón de líos. Me quedé ahí, con el olor a café fuerte mezclado con el frío que entraba por la ventana, dándome cuenta de que si la cosa era grave, no sabía a quién llamar primero. ¿Al 107, que es la emergencia médica, o al 911 si la cosa se ponía muy fea? ¿Tenía a mano el carnet de la obra social?

Lista de contactos de emergencia escrita a mano y pegada en la heladera de casa

Armar el protocolo del cuaderno

Después de ese susto —que por suerte fue solo un moretón y el orgullo herido de mi viejo—, me senté con el cuaderno que tengo al lado de la pava. Ese cuaderno donde anoto cuándo le doy la pastilla de la presión o si tomó poca agua. Decidí que ahí mismo iba a armar un plan de emergencia que cualquiera pudiera entender, incluso yo mismo si estaba medio dormido o con el nudo seco en la garganta que me aparece cada vez que mi viejo tarda un segundo de más en contestar un "¿estás bien?".

Mucha gente cree que un plan de emergencia es una lista de pasos rígidos, pero la verdad es que cuidar es improvisación estratégica. La vida no es un manual. El lunes todo va sobre rieles y el jueves se te descalabra la rutina porque el viejo se levantó cruzado o le dolió la cadera. Aprendí que cómo organizar una rutina diaria para adultos mayores en casa te da una base, pero el plan de crisis es lo que te salva cuando la rutina vuela por el aire.

Lo que puse en la heladera

Lecciones de una noche que no terminaba

En el primer año de tenerlo en casa, compré un curso que se llama Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio. Lo hice porque me sentía un inútil, che. No soy enfermero ni kinesiólogo, soy un tipo que hace copias de llaves. Ese curso me enseñó a no entrar en pánico. Una de las lecciones que volví a mirar esa noche de julio fue la de cómo evaluar si hay una fractura antes de moverlo. Obvio, yo no soy médico, y siempre hay que consultar con un profesional si las cosas se ponen raras, pero tener una noción te baja la ansiedad.

Lo que nadie te dice es que el plan de emergencia también incluye cuidarte vos. Si yo me rompo la espalda levantando a mi viejo porque no sé la técnica, nos quedamos los dos en el piso. Por eso es clave saber también sobre cómo prevenir llagas en adultos mayores con movilidad reducida desde casa o cómo moverlos sin hacerse bolsa uno. Yo no tengo formación médica, solo soy un hijo que anota cosas después de que el viejo se duerme, pero te digo que estudiar un poquito te cambia la perspectiva.

Mano de hombre marcando apuntes sobre cuidados de adultos mayores en un cuaderno

La calma de estar preparado para el lío

Hace un par de meses, una tarde de lluvia, mi viejo se mareó un poco. No se cayó, pero lo vi tambalear. Esta vez no sentí el mismo pánico ciego. Fui al cuaderno, miré mis notas y supe qué hacer: sentarlo, medirle la presión, darle agua y esperar diez minutos antes de llamar al médico para ver si era solo un bajón por el clima. Esa es la posta: el plan de emergencia no es para que no pase nada, es para saber qué hacer cuando pasa.

A veces me siento al pedo pensando en estas cosas, pero después me acuerdo de ese ruido seco en la madrugada y se me pasa. Cuidar a un viejo en casa es un laburo de 24 horas, y estar listo para el peor momento es la única forma de disfrutar los momentos buenos, como cuando desayunamos juntos y me cuenta por décima vez cómo arregló el motor del rastrojero en el 78.

Si sentís que estás remando en dulce de leche con el cuidado de tu viejo, te recomiendo que mires alguna formación básica. A mí el curso de Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio me dio esa estructura que no te da la buena voluntad. No te va a convertir en médico, pero te va a dar la tranquilidad de que, si la cerradura se traba, tenés la herramienta para abrirla. Al final, cuidar es eso: estar ahí, con el cuaderno listo y la pava puesta, esperando que la noche sea tranquila pero preparado por si no lo es.